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martes, 17 de marzo de 2015

Penas de amor de una gata inglesa


CUANDO el informe detallado de la primera sesión celebrada por ustedes llegó a Londres, ¡oh animales franceses!, hizo palpitar el corazón de los amigos de la Reforma Animal. En mi cabecita tenía yo tantas pruebas de la superioridad de los Animales sobre el Hombre que, en mi calidad de inglesa, vi llegado el momento tan anhelado de publicar la novela de mi vida para mostrar cómo, pobre de mí, me atormentaron las leyes hipócritas de Inglaterra. Ya en dos ocasiones, algunos ratones que había jurado respetar después del bill de su augusto Parlamento me habían llevado a la casa del editor Colburn y yo me había preguntado, al ver a viejas señoritas y señoras maduras e incluso jóvenes recién casadas corrigiendo las pruebas de galera de sus libros, por qué, teniendo uñas, no haría yo otro tanto.

viernes, 20 de febrero de 2015

Joven flamenca estrangulada por el diablo. - Charles Nodier (1780-1844)


La historia que viene a continuación tuvo lugar el veintisiete de mayo de 1582. Vivía en Amberes una chica joven y bella, amable, rica y de buena casa; esto la hacía ser altiva, orgullosa, y sólo buscaba, día tras día, la forma de agradar con sus trajes suntuosos a una infinidad de elegantes que le hacían la corte.
Esta joven fue invitada, según la costumbre, a las bodas de un amigo de su padre que se casaba. Como no quería faltar y estaba deseosa de asistir a tal fiesta para superar en belleza y gracia a todas las demás damas y doncellas, preparó sus ricos trajes, dispuso el bermellón con el que quería maquillarse a la manera de las italianas y, como no hay cosa que más guste a las flamencas que la ropa bonita, mandó hacer cuatro o cinco pavanas, cuya vara de tela costaba nueve escudos. Cuando estuvieron terminadas, ordenó venir a una planchadora y le encomendó la tarea de almidonar con cuidado dos de las pavanas para el día de las bodas y el siguiente, prometiéndole por su trabajo el equivalente a veinticuatro cuartos.

domingo, 8 de febrero de 2015

El alquimista - H.P. Lovecraft


Allá en lo alto, coronando la herbosa cima un montículo escarpado, de falda cubierta por los árboles nudosos de la selva primordial, se levanta la vieja mansión de mis antepasados. Durante siglos sus almenas han contemplado ceñudas el salvaje y accidentado terreno circundante, sirviendo de hogar y fortaleza para la casa altanera cuyo honrado linaje es más viejo aún que los muros cubiertos de musgo del castillo. Sus antiguos torreones, castigados durante generaciones por las tormentas, demolidos por el lento pero implacable paso del tiempo, formaban en la época feudal una de las más temidas y formidables fortalezas de toda Francia. Desde las aspilleras de sus parapetos y desde sus escarpadas almenas, muchos barones, condes y aun reyes han sido desafiados, sin que nunca resonara en sus espaciosos salones el paso del invasor.

martes, 30 de diciembre de 2014

Aceite de Perro.- Ambrose Bierce (1842-1914)

Me llamo Boffer Bing. Mis respetables padres eran de clase muy humilde: él fabricaba aceite de perro y mi madre tenía un pequeño local junto a la iglesia del pueblo, en donde se deshacía de los niños no deseados. Desde mi adolescencia me inculcaron hábitos de trabajo: ayudaba a mi padre a capturar perros para sus calderos y a veces mi madre me empleaba para hacer desaparecer los «restos» de su labor. Para llevar a cabo esta última tarea tuve que recurrir con frecuencia a mi talento natural, pues todos los guardias del barrio estaban en contra del negocio materno. No se trataba de una cuestión política, ya que los guardias que salían elegidos no eran de la oposición; era sólo una cuestión de gusto, nada más.

viernes, 12 de diciembre de 2014

EL ASESINO - STEPHEN KING


Repentinamente se despertó sobresaltado, y se dio cuenta de que no sabía quien era, ni que estaba haciendo aquí, en una fábrica de municiones. No podía recordar su nombre ni que había estado haciendo. No podía recordar nada.

La fábrica era enorme, con líneas de ensamblaje, y cintas transportadoras, y con el sonido de las partes que estaban siendo ensambladas.

Tomó uno de los revólveres acabados de una caja donde estaban siendo, automáticamente, empaquetados. Evidentemente había estado operando en la máquina, pero ahora estaba parada.

Recogía el revólver como algo muy natural. Caminó lentamente hacia el otro lado de la fabrica, a lo largo de las rampas de vigilancia. Allí había otro hombre empaquetando balas.