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viernes, 2 de diciembre de 2016

El Burdel de las Parafilias: Incesto y voyerismo [Capítulo 5]


—¿Qué diablos te pasó en el ojo? —le preguntó Alice a su mejor amiga, a la cual parecía que le hubieran propinado una buena paliza.

—Si te lo contara, no me lo creerías…

—Vamos, te conozco desde la primaria, sabes que puedes contarme lo que sea.

Su interlocutora meditó un poco, hasta que por fin se decidió a hablar.

—Bien… ¡cumplí mi fantasía! ¡La de Bundy!

El Burdel de las Parafilias: Estigmatofilia y algo más [Capítulo 4]


En su trabajo Liss estaba acostumbrada a observar a toda clase de esperpentos, depravados, exconvictos y mujeres tan horribles que resultaría difícil que consiguieran sexo gratuito, por lo que le pareció curioso tener a un espécimen como su interlocutor en el burdel. Se trataba de un muchacho alto de veinte años, con facciones delicadas, cabello negro rizado y una piel tan perfecta y blanquecina como la porcelana, además de portar gafas oscuras; de inmediato, ella pensó en un Jim Morrison muy joven, lo único que disminuía ligeramente su atractivo era su pronunciada delgadez.

—Bien, Mattew, ¿por qué viniste al burdel? —preguntó ella con verdadero interés.

—He escuchado que son en extremo complacientes, y que no conocen límites por lograr satisfacer a sus clientes —pronunció él con voz grave.

—Es verdad —le respondió y lo invitó a continuar.

—Estoy interesado en una joven que asiste a mi universidad, tiene varios tatuajes y perforaciones. Verás, soy estigmatofílico.

—De acuerdo… aunque con tu físico no entiendo por qué necesitas de nuestra ayuda, somos un burdel, no cupido.

—Mi interés por ella dista mucho de ser romántico, y la estigmatofilia no es mi única parafilia; digamos que la otra no entra en los límites legales, así que…

—Entiendo, necesito el nombre de la chica y una fotografía, o en su defecto su cuenta de Facebook. ¿Tienes alguna otra petición?

domingo, 12 de abril de 2015

El Burdel de las parafilias Episodio 3

En su trabajo Liss estaba acostumbrada a observar a toda clase de esperpentos, depravados, exconvictos y mujeres tan horribles que resultaría difícil que consiguieran sexo gratuito, por lo que le pareció curioso tener a un espécimen como su interlocutor en el burdel. Se trataba de un muchacho alto de veinte años, con facciones delicadas, cabello negro rizado y una piel tan perfecta y blanquecina como la porcelana, además de portar gafas oscuras; de inmediato ella pensó en un Jim Morrison muy joven, lo único que disminuía ligeramente su atractivo era su pronunciada delgadez.

—Bien Mattew, ¿por qué viniste al burdel? —preguntó ella con verdadero interés.

—He escuchado que son en extremo complacientes, y que no conocen límites por lograr satisfacer a sus clientes —pronunció él con voz grave.

—Es verdad —le respondió, invitándolo a continuar.

—Estoy interesado en una joven que asiste a mi universidad, tiene varios tatuajes y perforaciones. Verás, soy estigmatofílico.

—De acuerdo… aunque con tu físico no entiendo por qué necesitas de nuestra ayuda, somos un burdel, no cupido.