—¿Qué diablos te pasó en el ojo? —le preguntó Alice a su mejor amiga, a la cual parecía que le hubieran propinado una buena paliza. —Si te lo contara, no me lo creerías… —Vamos, te conozco desde la primaria, sabes que puedes contarme lo que sea. Su interlocutora meditó un poco, hasta que por fin se decidió a hablar. —Bien… ¡cumplí mi fantasía! ¡La de Bundy!
En su trabajo Liss estaba acostumbrada a observar a toda clase de esperpentos, depravados, exconvictos y mujeres tan horribles que resultaría difícil que consiguieran sexo gratuito, por lo que le pareció curioso tener a un espécimen como su interlocutor en el burdel. Se trataba de un muchacho alto de veinte años, con facciones delicadas, cabello negro rizado y una piel tan perfecta y blanquecina como la porcelana, además de portar gafas oscuras; de inmediato, ella pensó en un Jim Morrison muy joven, lo único que disminuía ligeramente su atractivo era su pronunciada delgadez. —Bien, Mattew, ¿por qué viniste al burdel? —preguntó ella con verdadero interés. —He escuchado que son en extremo complacientes, y que no conocen límites por lograr satisfacer a sus clientes —pronunció él con voz grave. —Es verdad —le respondió y lo invitó a continuar. —Estoy interesado en una joven que asiste a mi universidad, tiene varios tatuajes y perforaciones. Verás, soy estigmatofílico. —De acuerdo… aunque con tu físico no entiendo por qué necesitas de nuestra ayuda, somos un burdel, no cupido. —Mi interés por ella dista mucho de ser romántico, y la estigmatofilia no es mi única parafilia; digamos que la otra no entra en los límites legales, así que… —Entiendo, necesito el nombre de la chica y una fotografía, o en su defecto su cuenta de Facebook. ¿Tienes alguna otra petición?
Si alguna vez estás en un área con silencio absoluto, sofoca tu respiración y no muevas ningún músculo. Luego de unos segundos, notarás que el silencio tiene una especie de sonido propio, algo como un pitido vacío. Esto no es nada único; todos lo escucharán dadas las condiciones correctas. Una persona informada te dirá que tu cerebro está tratando de interpretar la ausencia de estímulo en tu audición y, por tanto, crea un sonido de relleno. Ese pitido, en realidad, cumple un propósito más arcano: encubrir un ruido que no se supone que debas oír. Este ruido no es imposible de escuchar, y, si eres persistente, puedes romper efectivamente la cortina de sonido falso.
La próxima vez que haya silencio y escuches el pitido, grita a todo pulmón por alrededor de medio minuto, y luego haz silencio abruptamente. Será distinto para todos. Algunos no escucharán nada diferente por docenas de intentos. Otros captarán un leve murmullo. Unos cuantos héroes auditivos lo discernirán con claridad en su primer intento.
Lo que escucharás es una voz que transmite una sucesión de eventos que están a punto de suceder en el futuro inmediato. Es como un locutor de deportes narrando los eventos por ocurrir dentro de diez segundos en el futuro.
A medida que pase el tiempo, serás capaz de distinguir la voz bajo circunstancias ruidosas de sonoridad creciente, hasta el punto en el que podrás escucharla en cualquier momento con solo concentrarte. Tal habilidad sería, sin lugar a dudas, invaluable, ¿no? Reaccionarías ante cualquier peligro próximo, te relacionarías con personas a tu alrededor con mayor facilidad. Nadie te sorprendería.
Pero quizá la voz es tan horrible que te volverá loco. O quizá solo predecirá tu muerte una y otra vez.
Por supuesto, ese no es el caso. Es una voz normal, que escucharás sin importar qué, y es simplemente cuestión de poder notarla. Pero hay un peligro. Pues, verás, en donde hay una voz, hay un cuerpo. Y así como percibirás nuevos sonidos, también percibirás nuevas vistas. En lo particular: serás visto.
Hace unos días conocí a Laura, una chica que me pareció muy atractiva y luego de hablarle y entablar una pequeña amistad con ella le pedí su número de celular para seguir conversando con ella por medio de whatsapp.
—Hola, ¿cómo estás? —Preguntó la chica.
—Jaja, muy bien —respondí mientras me acostaba en mi cama.
—¿Sabes? Hoy te miré caminando cerca de mi casa y creo que tú y yo vivimos en el mismo barrio, es increíble que no te hayas dado cuenta —me respondió.
—Wow, no puedo creerlo, que tonto soy —respondí sorprendido.
— jajaja, oye he pensado en visitarte, estoy sola y aburrida, ¿qué tal si me das tu dirección y te visito? —Me preguntó.
Con gran rapidez le di mi dirección y organicé mi casa para su llegada, cabe decir que mis padres también no se encontraban en casa aquel día; me di cuenta que me había equivocado en un número de mi dirección, por lo que le volví a escribir para decirle que me había equivocado. La palomita del whatsapp me indicó que ella tenía el celular apagado, llamé a su casa y un policía me contestó.
—Se encuentra llamando a una escena del crimen —me dice una voz grave.
—¿Qué?, ¿cómo que una escena de un crimen? —Respondí extrañado.
—Encontramos el cuerpo de una joven hace unas 3 horas, ¿es usted un familiar?
Colgué de inmediato y después de asimilar las cosas me di cuenta que era imposible que estuviera hablando con ella hace unos minutos; mi celular recibió una notificación, ¡era ella de nuevo! Con mi mano temblorosa la eliminé de mis contactos.
Estoy feliz de haberme equivocado al darle mi dirección, aunque aún me sigo preguntando ¿Con quién estaba hablando?
Morris Hobster fue mi mejor amigo por
aquellos años en los que la sociedad condenaba estoicamente la actitud
tan impetuosa y dinámica de la juventud. No puedo decir que éramos
rebeldes porque no era así: simplemente, teníamos otras ideologías más
profundas y el bello don de la curiosidad.
Es que así éramos Morris y yo: nos
encantaba experimentar cosas nuevas como a cualquier joven de nuestra
etapa. Era normal que todos se comportasen así, ¿no? La verdad es que
nunca pude comprender por qué nuestros padres y demás familiares se
escandalizaban ante nuestras filosofías, actos y cuestiones. En realidad
nos daba igual lo que creyeran acerca de nuestra mentalidad tan abierta
e ilimitada, siempre dispuesta a conocer más cosas sobre la realidad
que nos rodeaba. Y es que mi amigo y yo éramos de aquellos que gustaban
de buscar nuevas expectativas y definiciones de la existencia que
llevábamos, leyendo por aquí, tomando fotos por acá, y luego
compartiéndolas entre los dos; sacábamos conclusiones desde nuestro
punto de vista y más tarde buscábamos información sobre los resultados a
los que habíamos llegado. Definitivamente, no me puedo quejar de mi
juventud, pues disfruté tanto como jamás lo he hecho.
Las
hermanas gemelas Gibbons, las gemelas silenciosas, desarrollaron en
vida una relación única y turbadora de la que salió un lenguaje propio y
extraño que sólo ellas podían entender.
Dios mío tengo miedo de ella. No es normal... alguien la está volviendo loca. Soy yo.
No sé cómo me había metido en un lio, porque yo me consideraba pacífico, pero en ese instante Cristal, mi amiga y enamorada, se estaba jalando de los pelos con Luna, la hermana mayor de mi mejor amigo Max.
Poco antes yo estaba de camino a casa de Cristal, mi enamorada, ya que habíamos quedado en ver una película de acción como siempre. Ya no me faltaba nada para llegar, estaba solo a un par de cuadras de su casa, cuando de repente una chica me sorprendió jalándome del brazo sin que me diera cuenta. Ella era bajita, tenía corbatas de colores pastel en sus cabellos e iba vestida con una ropa adornada con extravagantes blondas y flecos.
— ¡Caramel! ¡A dónde vas!
Ella era un par de años mayor que yo, pero no se le notaba nada porque tenía un aspecto de niña rosa muy dulce y engreída. Su contextura delgada le hacía ver muy fina y frágil, por lo cual imaginaba que podría quebrarse si hacía movimientos bruscos.
A mi mejor amigo Max le brillaban los ojos cuando mi mamá preparaba arroz con Leche, ya que a él le encantaba comer ese postre. A mí también me gustaba, pero se notaba que a mi amigo le encantaba mucho más. El Arroz con leche siempre fue su postre favorito.
Mi mejor amigo Max empezó a salir con chicas en sus
últimos años de la primaria. La razón no había sido el amor, ya que solo
decidió salir con Azul, su primera enamorada, por curiosidad. Poco tiempo
después empezó a salir con otra niña, otra y otra más. Estar con niñas era como
su pasatiempo. A mí me tocó verlo irse con la chica que estaba saliendo durante
todo ese tiempo. Una niña me dijo que yo le gustaba poco tiempo después de
que mi amigo saliera con su primera enamorada. En ese entonces fue tan ridículo
para mí, ya que éramos muy jóvenes, éramos niños de primaria.
Recuerdo que cuando era joven me gustaba mucho el juego de Super Mario 64 siempre lo jugaba en casa de mi tía, un día de por casualidad ap...
A veces una horrible marioneta se asomaba al umbral fumando un cigarrillo Como cosa viviente.
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